Cambia tu manera de leer sobre el mundo

Tenemos más información que nunca. Y la ignoramos más que nunca. Nos satura, nos agota, nos entra por un oído y nos sale por otro. Es más, hasta las propias reflexiones sobre este tema (“¿qué nos pasa?”, “¿nos hemos deshumanizado?”) no consiguen hacer mella en la mayoría.

Las noticias, siempre negativas, vienen en oleadas indigeribles y, para que nos impacten, tienen que ser especialmente graves o morbosas. De esta manera, el umbral que las noticias tienen que superar para que capten nuestro interés nunca deja de aumentar, alcanzando lo imposible: 200 muertos por ébola en un país nos la suda; 1000 muertos nos produce un “uf…”; 1500 y el riesgo de que siga avanzando hasta mi país consigue alcanzar el “uy…”; tan solo un sacerdote español muerto e imágenes en directo del aislamiento del paciente a 200km de mi casa consigue despertar un “ostia, esto me preocupa”, que ojo, apenas durará unas horas. Nosecuantos muertos en Gaza, “me la suda, es lo de siempre, ya no sé ni cuántos conflictos hay en activo”; imágenes de padres sosteniendo los cadáveres de sus hijos en otro conflicto “me quitan el apetito”; relatos de secuestros y torturas de occidentales trabajando en el terreno “despiertan mi curiosidad”; y por fin, un puto vídeo de un fotógrafo degollado consigue generarnos repulsa, al menos durante un par de días.

¿Es culpable de esto el propio espectador, la propia sociedad? Yo no diría culpable, pero sí diría que tiene una gran parte de responsabilidad. ¿Es irremediable? No, tiene remedio. Te lo puedes currar y conseguir que lo que lees te importe:

1. Lee sobre un par de temas.

Tienes para elegir: el ébola en África Occidental, la masacre en Gaza, las complejas crisis de Siria, Sudán del Sur o República Centroafricana, la que se está liando en Libia, etc. Es más, no tiene por qué ser el más candente ni el que más titulares ocupe ahora mismo. Lo importante es que te lo plantees como un ejercicio necesario, y es que cuanto más sepas de un tema, más te va a interesar. Lo que leas te va a generar dudas e inquietudes y, en cuanto consigas superar esa barrera que separa la información anecdótica y superficial de los análisis más profundos, ya tendrás medio camino recorrido.

2. Sígue la pista a periodistas y corresponsales.

Yo tenía 21 años cuando, en 2003, puse en el mapa a Liberia y Guinea-Conakry. Y lo hice con nombre y apellidos: Gonzalo Sánchez-Terán. Él era un laico español que trabajaba en esta región con el Servicio Jesuita a Refugiados, y que se cruzaba cartas con Alfonso Armada, publicadas cada dos semanas en el magazine El Semanal. Yo no leía esas cartas, las devoraba y  las coleccionaba para poder releerlas. No hace mucho, además, las recapitulé en mi blog para que cualquier otro pueda leerlas hoy.

La información de calidad nunca es anónima. Tiene detrás a personas que la hacen posible, desde los fotógrafos a los redactores y editores. Y en nuestro país tenemos, por ejemplo, a grandes como Xavier Aldekoa, de La Vanguardia, que estos días está publicando una serie completa sobre la situación en Sudán del Sur.

Busca a quien escriba sobre los temas que te interesan, sígueles en twitter, lee lo que escriban y las referencias que ofrezcan. Pon cara, nombre y apellidos a la información que leas. La información aséptica no tiene sabor, color ni olor. Pero cuando sabes que Fulano está recorriendo Siria y tuiteando al momento sobre lo que ve, y que pronto publicará una crónica más completa, la cosa cambia.

3. Personaliza la información que leas.

No es casualidad que la muerte de Miguel Pajares te afecte de manera diferente a la de las otras 1500 víctimas anónimas del Ébola. Sabes de dónde es, conoces qué tienes en común con él, sabes a qué se dedicaba y lo que le ha ocurrido. A lo mejor hasta te has imaginado en su propia situación, pensando en qué pasaría por tu cabeza si te estuvieran repatriando con un diagnóstico fatal y pudieras pasar un último momento con los tuyos. Cuando esto ocurre, dejas de recibir información pasivamente para ir a buscarla, activamente.

¿Lo mejor? Que personalizar la información no tiene por qué ser accidental. Te lo puedes currar. ¿Quieres conocer el drama del pueblo saharaui? Participa en cualquiera de los muchos eventos que se convocan al respecto, o en asociaciones de amigos del pueblo saharaui. Busca exposiciones de fotografía, charlas, debates y cine-fórums sobre los temas que te interesan y harás amigos que conocen la historia de primera mano o que incluso son parte de ella. No lees igual sobre la guerra civil en Angola cuando has estado allí, ni sobre propiedad intelectual y antirretrovirales en África cuando conoces la diferencia entre farmacias vacías y farmacias llenas. En cuanto comiences a hacer voluntariado ayudando a dar talleres de alfabetización de inmigrantes subsaharianos en las costas andaluzas, nunca verás con los mismos ojos la valla de Melilla.

4. Toma un rol activo.

Si puedes (y puedes), haz voluntariado. Si puedes (y puedes) hazte socio de las ONGs que trabajan en los lugares donde más ayuda se necesita, los lugares donde ocurren los acontecimientos que lees. Si puedes (y puedes), comienza a hacer micropréstamos en Kiva, centrándote en los países que quieras priorizar y sabiendo que no son iguales que cualquier otro. Si puedes (y puedes) colabora desde casa con Amnistía Internacional y otras organizaciones ejerciendo presión para luchar contra las violaciones de derechos humanos e injusticias.

Si quieres, y realmente supone algo importante para ti, comienza a formarte en ayuda humanitaria o cooperación al desarrollo y verás que ahí afuera hay un montón de posibilidades de trabajar donde más falta hace. El mundo no es tan grande, ni las fronteras tan altas, cuando te planteas tu vida ahí afuera. Y lo que allí ocurre comienza a importante más.

5. No te limites a leer, escribe.

La información nunca es unidireccional. Puede tener camino de ida y camino de vuelta. También puede llegarte a ti para que tú la disemines. Incluso puedes dar un paso más allá y escribir análisis y opiniones, más profundos y trabajados que un simple “me gusta” o un retuit. Contrariamente a lo que digan por ahí, los blogs no están muertos. Lo que está muriendo son las ganas de escribir. Y eso se supera escribiendo.

Si tratas la información sobre el mundo como un mero producto de consumo, la consumirás por modas de fuera, hasta que te sacie o te aburra, y decidas pasar a consumir cualquier otra cosa, en la misma categoría. Si la tratas como un derecho, una herramienta de participación ciudadana y un medio para el cambio social y político, y asumes un rol activo en medio de todos estos engranajes, comenzarás a darle la importancia que tiene.