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De la niebla y las distancias

Mañana vuelvo a Kamacupa. Sólo 80 kilómetros la separan de Kuito, pero gracias a los baches del camino, de tierra, no hay quien los recorra en menos de dos horas y pico. La salida, a las 6 de la mañana, no entusiasma, pero el camino es imprescindible y llegar allí le da sentido a muchas cosas.

Quince agentes comunitarios de salud nos estarán esperando, si todo va bien, en cuanto lleguemos. Junto a ellos, un par de coordinadores que nos ayudarán a llevar la sesión de formación; vamos a comenzar el diagnóstico comunitario de salud, y el apoyo local es imprescindible. Ya llevamos días organizando todas las cuestiones logísticas y diseñando un cuestionario, la primera de las herramientas que vamos a usar. Y es en el momento en que pilotamos el cuestionario, ya en el terreno, cuando descubres que, aunque ya te estés acostumbrando a esto y ya estés comenzando a considerar normales las diferencias en la forma, el fondo de aquí y allá tiene una separación abismal.

Es hablar con los vecinos y con las mujeres que llevan a sus hijos al centro de salud, y te das cuenta de que la falta de personal sanitario, y de un sistema sólido de salud se notan, desde lo más sencillo. Son los silencios al preguntar por los signos que nos hacen pensar que el niño pueda estar grave, son las respuestas confusas y las miradas de extrañeza cuando hablamos de algo -tan manido para muchos en otros mundos- como el VIH/SIDA. Nos lo confirman los supervisores de salud del municipio: “hasta aquí no han llegado muchas de las campañas de promoción de salud, y el nivel es muy bajo”. La gente sigue intentando hacer lo que puede, pero los recursos no llegan y las herramientas son insuficientes.

La distancia a veces no se puede contar en kilómetros ni en horas de viaje. Son mundos distintos, que no saben el uno del otro, cuyos idiomas -castellano o portugués por allí, umbundu por aquí- ni siquieran pueden traducirlo todo, sencillamente porque ese término en umbundu no existe o porque esto así no lo va a entender nadie. Y aproximarnos a conocerlo ya es todo un desafío. Los cuestionarios son sólo el primer paso, que nos permita cuantificar algunos aspectos. Tras ello vendrán entrevistas y reuniones de grupo con los vecinos, donde su participación será llave y necesaria.

Durante el primer tramo de nuestro anterior viaje a Kamacupa, este pasado martes, también temprano, la niebla nos rodeaba. Una niebla preciosa, de esa que filtra la luz y te enseña las cosas que te quiere enseñar y como a ella de la gana. Si mañana volvemos es porque, en cierto modo, queremos intentar ganarle esta batalla.

Pasado mañana, Katabola. Algo más cerca, en el mapa. Pero también algo más lejos. Ya me entiendes.