Diálogos cuando el mundo duerme

Ya de noche, con el mar moviendose dormido y en silencio, el brillo de la luna me desveló que alguien caminaba por cubierta. Aparté la vela, que me cegaba sin dejarme ver, y distinguí a Roberts, que le gritaba sin piedad a la luna.

– ¿Todo bien, Roberts?

– Sí, mi capitán, pensé que todos dormían.

– ¿Y qué haces aquí a estas horas? Deberías estar durmiendo, o estudiando. Mañana todo habrá acabado, ¿no?.

– Ha acabado ya. Ya no hay nada que hacer.

– ¿Qué? ¿No harás tu examen?. Debes hacerlo.

– Sí. Y lo haré, pero tan sólo por demostrarme a mi mismo que he hecho todo lo que estaba en mi mano sin rendirme.

– No es justo que seas tan pesimista. Muchos están como tú y lo sabes. No eres especial.

– Ya lo sé, y no me quejo de nada. Simplemente estoy confuso. No sé donde estoy, ni lo que hago, ni a donde quiero llegar. Nada.

– Creo haber escuchado esto antes. Cada año es lo mismo, Roberts.

– Lo mismo, pero cada vez resuena con más fuerza. Ya llevo 5 años en esto, pero cada vez es más duro, me siento menos capaz y me cuesta más encontrar mi sitio.

– Tonterías. ¿Cómo no vas a ser capaz?. Lo has sido hasta ahora perfectamente, y estoy seguro que eres capaz de hacerle cara a cualquier reto que se te presente.

– ¿Sabes? Me encantaría poder vaciar mi mente a la hora de estudiar, sin pensar en más. Estoy seguro de que el resto de la gente, cuando se encierra con sus apuntes y notas, no piensa en nada más que en eso. Y son capaces de aprovechar y disfrutar ese tiempo. Yo no. Soy incapaz de memorizar esas interminables listas de cosas.

– Por mil barriles de Grog, Roberts. ¿Cómo puedes decir eso?. A los demás le cuesta lo mismo que a ti. A veces no te reconozco cuando hablas.

– Me gustaría tenerlo así de claro. Pero lo peor no es eso. Conforme centro mi mirada en esas líneas que se me resisten y me superan, no dejo de pensar “Es inútil dedicar tu tiempo a esto. ¿Qué esperas conseguir?. ¿Crees realmente que lo memorizarás?. Y aunque lo memorices, ¿Crees que estas aprendiendo algo?. Y aunque aprendas algo, ¿Crees que te será útil algún día?.” Te aseguro, capitán, que no es fácil concentrarse en síndromes y diagnósticos cuando estos pensamientos te golpean con violencia. ¿Entiendes lo que digo?.

– Me da miedo lo que dices. Es como si estuvieras perdiendo la fe en aquello que te dio fuerzas para emprender tu primera gran aventura, embarcar. Recuerda que tú fuiste el primer capitán de este barco, con un coraje que dejó mella en todos nosotros.

– ¿Realmente crees que a mi no me asusta?. No encuentro mi sitio. Elegimos este camino para remover las entrañas del mundo, y aún no sabemos por donde se empieza a hacer eso. ¿Merece la pena seguir malgastando tiempo así cuando hay mil cosas que me hacen vibrar de emoción?.

– No lo sé. No. No lo sé. Ojalá pudiera responderte, convencerte y darte esas fuerzas que te faltan. Pero no puedo, Roberts. Pero sólo te puedo decir una cosa. Fuiste tú el que me dio fuerzas a mi para ser quien soy ahora, y si hace falta, te las devolveré sin dudarlo. Soy lo que soy gracias a ti y a las decisiones que fuiste tomando.

– He cambiado mucho. Y no sé si en la dirección correcta.

– Has madurado. Y la madurez trae consigo dudas. Pero no te preocupes, amigo, las cosas tienen sólo la importancia que tú les das.

– Creo que necesito centrarme. Y no sé como.

– Te conozco demasiado como para decirte que lo conseguirás. Pero sea como sea, no te agobies. No puedes exigirte el 150% de lo que eres, y quizás necesitas ver que te flaquean las fuerzas para cuidarte más la próxima vez. Quizás haya sido culpa mía en cierto modo. Soy yo el que te distrae de tus notas y apuntes para que vengas a trazar rutas, ayudarnos en cubierta, o incluso reparar los tablones partidos en dos por el último asalto.

– No digas eso, la culpa no es tuya.

– Creo que los dos sabemos que tengo algo de culpa. Necesitaré que me digas cuando debo dejarte en paz, a partir de ahora. Quiero que estés bien, eres muy importante para este barco, y no quiero exigirte más que al resto.

– ¿Has visto como se mueve el reflejo de la luna en el mar esta noche? Podría quedarme horas como embobado, mirándolo.

– ¡Ja, ja, ja!. Pero necesitas dormir, muchacho. Mañana todo termina y durante un tiempo tendrás la suerte de poder pensar en todo lo que hemos hablado esta noche. Un último “paso por la quilla”, Roberts.

– Tienes razón. Gracias por estar siempre por aquí.

– Te digo lo mismo. Nos necesitamos. Hasta mañana.

– Hasta mañana.