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Donde no hay denominador

En la estación seca, dicen que se puede llegar de Kuito a Catabola en una hora, y a Camacupa, en otros veinte minutos más. Sin embargo, hasta ahora, Land Cruiser mediante, no hemos conseguido bajar de la hora y tres cuartos o dos horas en hacer este trayecto, de escasos 50 kilómetros. La carretera, de asfalto hasta Kunje, se convierte en mero camino de tierra a los pocos kilómetros y, de ahí en adelante, los baches del terreno obligan a ir despacio. Si llueve, el barro obliga a bajar aún más la velocidad, por seguridad. De Catabola a los diferentes puestos de salud, la cosa se puede complicar aún más. Y de ahí a las comunidades rurales más distantes y a las casas de los vecinos, más todavía. Extrapola ahora esa situación a toda la Provincia de Bié, de unos 70.000 kilómetros cuadrados (algo menos que Castilla La Mancha), y añádele los condicionantes de haber sido duramente castigada por una guerra civil desde 1975 (desde su independencia) hasta 2002. ¿Qué te queda?

Detente por un momento. Estás pensando en numeradores, ¿a que sí?. Quiero decir… estás pensando en que probablemente el número de niños escolarizados sea bajo, o que puede haber muchos casos de malaria, o que si hay pocos centros de salud para la población, muy dispersa, muchas mujeres parirán en casa, etc. Muy bien, pero hay algo más que falla en todo eso: el denominador. Damos por sentado que podemos dividir ese número de casos de lo que sea entre la población masculina o femenina de tal edad, para luego volver a calcular ese mismo indicador al mes siguiente, y al otro, y ver como evoluciona; o para ver si las coberturas vacunales son adecuadas; o para ver si la población tiene suficientes mosquiteras. Pero resulta que hay un término básico del que apenas tenemos información: la población.

No sabemos por qué dividir porque no sabemos cuanta gente hay. Y ya, no digamos saber cuántas mujeres, cuantos hombres, y en qué franjas de edades. Por desgracia no. Nos basamos en estimaciones, y vamos estirando dichas estimaciones con otras estimaciones: porcentaje de crecimiento esperado de la población, porcentaje de niños menores de tal edad que se cree que puede haber, etc. Pero como podrás comprender, no es suficiente. El último censo en Angola se realizó en 1975, antes de comenzar la guerra, antes de ser un país independiente. Hace casi cuarenta años. ¿Puedes imaginar lo que ha cambiado la población en ese tiempo? Y aparte de imaginarlo, ¿puedes calcularlo y fiarte de tu estimación?. Lo mismo no. O lo mismo no “del todo”, que es lo que nos toca decir, y a lo que nos toca ajustarnos.

El año que viene, si todo va bien, se realizará un nuevo censo en el país, lo que supone un importante reto. La información demográfica y poblacional es fundamental, para conocer los valores relativos de aquellos indicadores que nos importan, y poder hacer comparaciones, evaluar avances o detectar prioridades.

Ahora bien, si para el denominador hay problemas, imagina para los numeradores…

Pues en eso estamos, entre otras cosas. Echando una mano.