El recurso fácil en foto callejera

Foto callejera no es foto hecha en la calle. De lo primero hay muy poco, y aún menos que sea bueno. De lo segundo, hay demasiado. La delgada línea que separa ambas cosas no siempre está clara, pero se mueve sobre clichés, sobre recursos fáciles que hacen “para todos los públicos” lo que, si nos ponemos rigurosos, es realmente difícil: captar un momento especial, no manipulado ni preparado, que cuenta algo del mundo en que vivimos.

Este artículo, una vez más, tiene mucho de crítico y de autocrítico. Si tiro primeras piedras es porque sé de lo que hablo. Hablo de técnicas (o trucos baratos) para conseguir hacer con facilidad en la calle fotos que rara vez merecen la pena.

1. El teleobjetivo.

Que no, que desde lejos no vale. Se ha dicho una y otra vez, y es una de esas prácticas que más cuesta dejar de lado. ¿Que una escena te gusta y te pilla lejos con un teleobjetivo puesto en la cámara? Pues bueno, pero no esperes que tenga el mismo feeling que una capturada desde cerca. La perspectiva, en la primera, te hará sentir como un espectador fisgón, mientras que la segunda te mete dentro de la acción, con total honestidad.

Hacer fotos desde cerca implica arriesgar más, claro. Es más difícil pasar desapercibido, y a muchos les da miedo la posible reacción de los fotografiados, si se lo toman a mal. Pero es lo que hay. Toca echarle cara, sonreír, ser amable, y saber comportarte con sinceridad y humildad si toca.

Que conste que me gusta. Pero actualmente, me da una sensación rara, como muy lejana. Tomada a 120mm con una 30D. ¿Cómo habría sido a 35mm?

2. El angular enorme.

Menuda tentación es la de usar un angular exagerado, ¿eh?. Esta lente capta prácticamente todo al disparar desde la cadera sin que te preocupes por el encuadre y, cuando estás muy cerca, te permite hacer como que fotografías otra cosa cercana. Para colmo, la foto tendrá esa perspectiva artefactuosa que tanto nos fascina. Y para colmo de los colmos, ya nadie te puede decir que disparas desde lejos. ¡La panacea!

Pues no. Una perspectiva tan exagerada también te aleja de la acción. Da dinamismo, pero roba personalidad y sinceridad. A la larga el truco se nota y pierde efecto. O la sabes manejar muy bien, o esta herramienta terminará haciéndose contigo, hasta el punto que, si no llevas puesto un 10mm o un 12mm, nada de lo que veas a través del visor te resultará interesante.

Una de las cosas que he encontrado más difícil a la hora de salir a hacer fotos a la calle ha sido usar una óptica normal. Al principio todo lo hacía con el teleobjetivo. Luego, todo con el angular. Que el 17-55mm f2.8 (en APS-C) pase a ser la óptica que use el 80% del tiempo me ha costado lo mío. Y la verdad, me enorgullezco de ello. Poder “ver fotos” en 35mm o 50mm es un lujo maravilloso. 🙂

3. El póster grande.

Una foto en la que el 80% de lo fotografiado es una foto magnífica que otro ha tomado, y que han plantado en la calle, para un anuncio, por ejemplo, ¿qué gracia tiene?. ¿Qué sentido tiene que la fotografíes tú ahora y la vuelvas a mostrar?

O ese 20% que ahora añades es realmente valioso (y con eso quiero decir que sirva para enfatizar el sentido del póster, y que el póster enfatice el sentido de lo que tú has aportado a la escena), o realmente es replicar algo sin más. Goloso y vistoso, pero poco más, la verdad.

4. Gente caminando.

Un clásico. Creo que el clásico más clásico de todos. Es lo primero que todos aprendemos a fotografiar cuando salimos a la calle: gente andando, sin más. No hacen nada especial, ni sucede nada que capte tu atención especialmente, pero es tan absurdamente fácil de fotografiar, que te hinchas a hacerlo. Además, como la foto la hagas desde cerca o los pilles de perfil y con las piernas bien extendidas, te crees la reencarnación de Cartier-Bresson, como poco. Cuando luego la pasas a blanco y negro en el ordenador, te alejas del monitor, la contemplas y te admiras a ti mismo. Si además la has hecho con una Leica, y consigues sobrevivir a semejante explosión de ego, tus fotos dejarán de ser tus fotos para ser tu obra.

La gente camina constantemente. En todas partes hay gente que camina. ¿De qué forma es eso un instante decisivo?. Algo más tiene que ocurrir, o algo más tienen que tener esos caminantes o el entorno para que el click merezca la pena. Capturarla sólo por estar en la calle y tener una composición equilibrada, pfff. Si no te ha aburrido ya, terminará haciéndolo. O eso esperamos todos.

Abuelilla, a 300mm, y en una escena en la que no ocurre absolutamente nada. ¡Creo que he batido un récord! 😛

5. El indigente, o el artista callejero.

El primero está ahí completamente vulnerable porque no le queda más remedio, ni tiene mayor privacidad que la que tú decidas darle. No se puede quedar en casa el día que no esté para nadie, ni puede esconder de miradas ajenas ciertos momentos. El segundo no está ahí por casualidad, ni lo has descubierto gracias a tu magnífico ojo fotográfico. Está ahí haciendo todo lo posible para que le mires y, si lo haces, es mérito suyo, no tuyo.

Creo que mantener una ética en este tema es fundamental. Más allá de la poca gracia que tenga hacer una foto de algo tan fácil de fotografiar, y tan fotografiado, creo que es imprescindible evitar reflejar aquellos momentos en los que una persona no querría ser vista. Lo de “es que con esta foto pretendo hacer crítica social y reflejar injusticias” es una excusa barata que no me vale. O la foto cuenta algo imprescindible (y tienes la ética y capacidad técnica suficiente para contar algo valioso con eso, respetando su dignidad) o es una noticia importantísima, o no lo hagas. En el caso del artista callejero, la ética es más simple, pero también importante: o le pagas (está ejerciendo su trabajo para ti), o no la hagas.

6. La figurita chiquitaja en el enorme escenario.

Esto es como lo de la gente andando. Te pones al fondo de una calle desierta, encuadras, y esperas a que pase alguien a lo lejos justo por el punto que buscas. Si lo cazas caminando con las piernas juntas lo vuelves a intentar. Si lo cazas con las piernas separadas, la miras y dices “menuda fotaza”. ¡Qué composición!.

De nuevo, fotos como esta hay mil millones. O tu foto destaca por algo, o aburre y se olvida en 3, 2, 1…

7. La falsa escena callejera.

Esa en la que conoces al fotografiado que, o bien está posando para ti, o bien tienes la suficiente confianza con él/ella como para acercarte sin más y hacerle una foto que no harías a otra persona. Puede tener su gracia, e incluso puede ser un fotón. Pero procura no venderla como lo que no es.

Yo debo tener, medio recientes, un par de estas. Una que es un posado evidente (tras una gesta heroica para capturar un globo), y otra en la que, aunque los 7 protas fuesen amigos míos, no me prestaban ninguna atención en ese momento… 🙂

8. La foto que te ha salido inclinada o desenfocada o movida o sobreexpuesta porque disparaste al tuntún, y que como luego te gusta, te autoconvences de que querías que fuese así.

Luego la subes a flickr poniéndole debajo “las reglas están para saltárselas” y creas escuela.

Yo la quería así, torcida… ¡Anda ya!

9. Los abuelillos.

Si haces la foto porque ocurre algo especial, por un gesto, o por algún aspecto interesante, pues vale. Pero si la haces porque se mueven lento, son draganizables, apenas prestan atención a lo que les rodea, y no se van a enterar de que les estás haciendo la foto, está feo. Que nos conocemos…

10. La gente de espaldas.

Hay excepciones, sí, claro. Pero en el resto de los casos, que son la mayoría, el interés de una fotografía en la que los protagonistas salen de espaldas suele ser directamente proporcional a lo poco que te lo curraste al hacerla. Si es por algo, pues vale, pero quedarse en lo fácil y justificarse después con alguna excusa (ver punto 8), pues no lleva a ningún sitio.

En resumen. Capturar algo porque es fácil capturarlo, generalmente no lleva a nada, si no sigues avanzando y te esfuerzas en ver que, o das un paso más, o te quedas estancado en lo mediocre. La cosa es que una vez que lo descubras, procures ponerle remedio.

Yo he conseguido desterrar por completo de mi forma de hacer fotos algunos de estos recursos facilones, y con otros aún estoy peleándome, pero pienso ganar. ¡Ahí queda! 🙂

P.d.: Por mucho que refunfuñe, me lo paso pipa escribiendo estas cosas. Y encima me sirve de catarsis fotográfica, ea.

[Nota: Originalmente publiqué este artículo en Facebook]