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Expatriados

Llega el fin de semana y nos vamos al mercado de Tchissindo. O a desayunar a una de las tres cafeterías de Kuito. O a dar una vuelta cámara en mano, a ver qué cae. O a Kunje, a buscar arena o piedras para construir alguna cosa. O a la casa de People in Need, a ver qué planes tienen para el día. O a las cascadas que hay en el camino a Huambo. O a hacer pesas a casa de Peter. O al Tio João, a comer algo rico. O a arreglar la casa o montar el huertecillo. O a jugar al Bang o al Jungle Speed. O a correr un rato. O a casa de FAO a tomar un té. O barbacoa, donde sea (trae cervezas). O a por un café al portugués. O con Mario a jugar a la play. O a la disco, a hacer el indio. O a ver una peli en casa con el proyector. O a jugar a los dardos. O a cenar en la casa de Cruz Roja. O lo mismo los cubanos tienen fiesta. O a echar un billar y una cerveza en la explanada. O a descubrir alguna tiendecilla donde vendan algo rico.

…y poco más. No hay cine, ni grandes sitios a los que ir. Estamos en una ciudad chiquitaja y somos cuatro gatos, nosotros, los expatriados. Pero oye, no los cambiaba por nada del mundo. Somos una familia rara, pero familia, al fin y al cabo. 🙂