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Fotos que nunca se hicieron (I)

Me encanta hacer fotografía callejera. Eso es algo que algunos ya sabéis. Bueno, pues hace un tiempo me propuse hacer, de vez en cuando, fotografía callejera sin cámara de fotos, es decir, ir por la calle atento a momentos, personas o situaciones especiales, y fijarlas en la retina, sin preocuparme por hacer click. En ocasiones, además, las transcribo. He aquí algunas, de Enero.

La tienda “Bang & Olufsen”, de Reyes Católicos es famosa por vender televisores y equipos de sonido de diseño, a precios carísimos. En el escaparate hay un enorme televisor de pantalla plana y frente al escaparate, una mujer permanece inmóvil. Es una mendiga, junto a un carro cargado de bolsas. Lleva un rato de pie viendo el televisor a través del cristal. En el televisor están poniendo, en un DVD, la película Ratatouille.

Un perro camina en solitario por mitad de la calle Mesones. Pasa desapercibido entre la muchedumbre, ansiosa por aprovechar las rebajas. Una mujer se acerca a paso rápido al perro, lo sujeta por el cuello y le grita en voz alta: “¡Como te vuelvas a escapar te mato! ¿Te enteras? ¡Te mato!”. Diez pasos más adelante se lo volverá a repetir, por si acaso.

Una mujer sale de la pastelería Flor y Nata a la calle. Es mayor pero delgada y estirada. Lleva unas enormes gafas de sol, la cara cubierta de un maquillaje poco discreto, un llamativo abrigo de leopardo, medias negras de rejilla y botines de tacón de aguja. Con la mano derecha se ajusta las gafas para mirar el bordillo. Con la mano izquierda lleva el carrito de la compra.

Es uno de enero, y es temprano. Hace mucho frío y poca gente pasea por el centro. Alguien está ya en el Kebab de la Fuente de las Batallas. Es uno de los trabajadores, que ha llegado un rato antes que el resto. Aburrido, espera dentro del local a sus compañeros, pegando la nariz al cristal, y mirando a la gente pasar.

Enfrente del Corte Inglés, en la Carrera de la Virgen, han puesto, como es tradición, un belén navideño. Un hombre serio, con barba, bigote, bufanda y sombrero, que camina con su familia, al pasar junto al Belén se detiene y retrocede hasta ponerse a su comienzo. Comienza entonces a dar grandes zancadas y a contarlas, midiendo así la longitud del Belén.

La hija de la castañera que hay en Puerta Real juega, como Pedro por su casa, por la Fuente de las Batallas y las calles de alrededor. Está montada en un curioso patinete, que se propulsa al girar haciendo “eses”. Va a toda velocidad mientras canturrea con la mirada puesta en el fondo de la calle, esquivando y asustando (por igual) a los peatones. Al llegar al otro puesto de castañas, saluda a sus dueñas y les da un recado de su madre.