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Los matices que las palabras perdieron

Injusticia es que me compares una UCI pediátrica con un maldito suero, colocado con poco más que esperanza por un médico norcoreano en medio de la nada a alguien que dejará de respirar dentro de unas horas. Injusticia es contemplar cualquier servicio de cualquier hospital europeo, para luego redirigir los ojos al paciente que sostiene su propia placa para poder hacerse una radiografía con el único aparato de la provincia, o al papel, que se acaba de terminar, del único electrocardiógrafo con el que cuenta el único cardiólogo de la provincia, también extranjero.

Injusticia es que los mosquiteros no lleguen, o que hayan pasado ya seis meses desde la última supervisión del puesto de salud. Injusticia es que la radio lleve meses rota, en un área sin red telefónica, y que para enviar un mensaje haya que entregarle una nota escrita a alguien que vaya de paso. Injusticia es que uno de cada cinco niños no llegue a los cinco años en un país cuyo producto interior bruto va a crecer casi un diez por ciento anual. Injusticia es que aquí se llame enfermedades olvidadas a las crónicas y cardiovasculares, que ni siquiera se registran en las estadísticas.

Injusticia es que sea más fácil y barato comprar una bolsita de whisky malo que una botella de agua. Injusticia es que las personas del medio rural no sepan si el SIDA se transmite por relaciones sexuales, por tener las manos sucias o por la picadura de un mosquito. Injusticia es que los cuadernos de formación de los mobilizadores sanitarios, enviados por UNICEF, lleven meses acumulando polvo en un almacén porque no hay manera de programar las formaciones. Injusticia es que todo lo que se impulsa desde el nivel ministerial o provincial termine muriendo a nivel municipal algo más tarde, cuando desaparece el estímulo o los medios con los que todo quiso arrancar. Injusticia es que la ayuda que llegue de fuera lo haga como quiera y cuando quiera.

Injusticia es no saber que en otras partes del mundo las carreteras suelen estar asfaltadas o que las ambulancias son más que Land Cruisers vacíos con grandes letras rojas. Injusticia es ser noticia por recibir las visitas ocasionales de importantes líderes políticos que juegan a repartirse trozos caducos de tu prosperidad, sin cuestionarse los porqués ni exigir los cómos, no vayamos a incomodar al abajo firmante. Injusticia es que sea un extranjero quien hable de esto, al escribir para extranjeros.

Pobreza anda corta de miras, escasa de profundidad, y carente de responsables; desigualdad, de tanto estirarse y deformarse, tiene ya proporciones que nadie entiende; a sur le faltan letras y le sobra distancia; subdesarrollo hace ya tiempo que perdió el norte, si es que algún día lo tuvo; miseria habla de lástima, y en demasiado silencio. No. Es escandalosa e invisible, y en su dura frialdad, difícil de sentir, más allá de la fugaz rabia o frustración. Déjame que por una noche te hable de injusticia, con todas sus letras y todos sus demonios.