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Los poros de los condones, el SIDA y el Papa

Estoy hasta las narices. Ya no sólo de que se manipule a la gente, sino de que los manipulados estén convencidos de que deben convencer a cuanta más gente mejor de lo que a ellos les han transmitido. Y no aguanto más, necesito abrir la boca y opinar. No voy a dar dogmas, sino opiniones. Es más, seguramente mis opiniones sean bastante repetitivas, que no soy el primero en hablar de estas cosas…

Las “opiniones” del Papa

Cada vez que escucho o leo en la prensa que el Papa ha dicho algo me pongo a temblar, por dos razones:

  • a) Por lo que haya dicho. Después de todo, el Papa es un líder religioso, no un abogado, ni un médico, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un estadista, ni un psicólogo, ni un sexólogo, ni un educador, ni un ingeniero, ni un arquitecto, ni un padre, ni una madre, ni un científico. Por esa razón, muchos de los comentarios que hace pueden tener tanto criterio y fiabilidad como los tuyos o los míos, y puede equivocarse o incluso mentir. ¿Cómo puede hablar el Papa con tanta firmeza del SIDA cuando no es un profesional sanitario ni tiene experiencia en ese campo? Porque simplemente opina.
  • b) Por la importancia que se le de a lo que diga. El Papa es un líder, por lo que sus opiniones son tomadas como dogmas de fe por aquellos que sólo escuchan lo que quieren escuchar. Cada vez que el Papa abre la boca sus palabras resuenan por todo el mundo. Sus seguidores le dan volumen a su mensaje, pero ojo, no le dan más fiabilidad, mejor criterio, ni mejor calidad.

¿Que el Papa tiene consejeros? Pues sí. Pero esos consejos no se limitan a lo que es verdad, sino a lo que a la Institución le interesa transmitir al público. Lo mismo ocurre con cualquier partido político o cualquier empresa. Alguien debió aconsejarle a Rajoy que dijera que del Prestige sólo salían pequeños hilitos como de plastilina, y alguien debió aconsejarle a Zapatero que negara que la crisis estaba ya aquí. Los consejeros dan consejos para ganar votos, y aún así a veces se equivocan.

Los poros de los condones

Me hierve la sangre cada vez que leo, de una fuente vinculada a la Iglesia, que los condones no son efectivos para combatir el SIDA. A veces he llegado incluso a leer que algunos religiosos han afirmado que los condones tienen poros por los que puede penetrar el virus del SIDA. Decir que los líderes religiosos se equivocan en esto sería insuficiente. Los líderes religiosos, al afirmar que los condones no sirven, MIENTEN, y son perfectamente conscientes de ello.

Un condón, bien usado, previene los embarazos y evita el contagio de algunas enfermedades de transmisión sexual, entre las que se encuentra el SIDA. Esto es indiscutible, y está científicamente probado. Si a veces fallan no es por defectos del condón, sino por errores en su uso, debidos a la falta de educación sexual.

¿Cuál es el argumento de algunos líderes religiosos? Ellos afirman que la gente se confía en los condones, tiene relaciones creyéndose seguros, y que el virus entonces se transmite. Yo tengo un argumento diferente: los líderes religiosos se oponen a la educación sexual, la gente tiene relaciones sin condón o usándolo mal, y entonces se contagian.

Decir que hay que evitar el uso del condón porque la gente se confía en su uso, tienen relaciones y entonces se transmite el SIDA es tan absurdo como manifestarse contra el uso del casco por parte del motociclista. Total, el casco hace que el motociclista se confíe al conducir su moto y tenga el accidente.

El caso de Uganda

En toda discusión sobre este tema siempre hay alguno que va y dice: “Pues es que no conoces el caso de Uganda. En Uganda se ha erradicado el SIDA promoviendo la abstinencia sexual y sin repartir condones”. Desglosaré mi opinión en varios puntos:

  • La información sobre el caso de Uganda está completamente sesgada. Cuando uno busca información al respecto, descubre que la mayoría de fuentes que citan la ausencia de condones como principal factor de éxito están vinculadas a la Iglesia. Cualquier otra fuente independiente, basada en criterios científicos, aplaude el caso de Uganda, pero no dice que se haya conseguido quitando los condones, sino que han sido un factor más de los muchos que han contribuido.
  • La estrategia ABC contra el SIDA incluye también el uso del condón. A es para abstinencia, B para fidelidad (“Be faithful”) y C para condones. La estrategia ABC, usada en Uganda, incluye las tres cosas: primero, practica la abstinencia sexual hasta que tengas una pareja estable de quien te puedas fiar y hasta que te sientas preparado, después, se fiel a esa pareja y usa condones en tus relaciones. ¿Con qué clase de cinismo se explica una ABC sin la C?
  • ¿Qué le han hecho los condones a la religión para que ésta los odie tanto? Promover la abstinencia sexual puede ser perfecto para ciertos grupos sociales, o ciertas edades. Promover la fidelidad también es útil para otras poblaciones. Y promover el uso del condón en tus relaciones también lo es. ¿Y el uso combinado de estos tres ejes? Pues aún mejor. Una estrategia basada en un sólo eje (ya fuera la abstinencia, la fidelidad, o el uso de condones exclusivamente) habría fracasado, probablemente.
  • En Uganda ha habido más que abstinencia. Hay que ser un cínico, o muy poco crítico, para creerse a pies juntillas que ha bastado con la estrategia ABC para reducir la incidencia de SIDA. En Uganda ha habido una enorme financiación extranjera, un gran compromiso político, y unas impresionantes campañas de concienciación sobre el SIDA y de educación sexual en colegios. Cuando alguien afirma que la abstinencia sexual ha sido la responsable de reducir la incidencia de SIDA, o no sable de lo que habla, o miente para manipular y transmitir un mensaje moral más grande.
  • Organismos internacionales han manifestado su preocupación por la falta de condones. Algunos sectores han querido hacer una interpretación partidista del éxito de Uganda diciendo que los condones no han sido necesarios y están tratando de evitar su distribución en el país. Esto podría llevar a una catástrofe sanitaria, según organismos de Naciones Unidas y analistas independientes.
  • No todo es perfecto en Uganda. El SIDA ha disminuido, pero no se ha erradicado, ni mucho menos. La estrategia combinada de abstinencia, fidelidad y condones, sustentada por una gran financiación y compromiso político, ha ayudado a disminuir la transmisión del SIDA, pero aún queda mucho por hacer. Ciertos colectivos, como el homosexual, sigue marginado, prohibido y estigmatizado en la sociedad, y nadie trata de hacer campañas contra el SIDA orientadas a ellos.
  • Uganda no es el único caso de éxito en la lucha contra el SIDA. En ocasiones, decir una verdad a medias es como mentir. La mayoría de fuentes católicas instrumentalizan el caso de Uganda para tratar de convencer al público de que esa es la única estrategia posible. A veces incluso tratan de hacerle la guerra al condón, como si fuera malo. Lo cierto es que los dos protagonistas indiscutibles del éxito de la lucha contra el SIDA en países como Brasil, Camboya, Zambia, Tailandia, o República Dominicana son la educación sexual (incluyendo la responsabilidad en las relaciones y la importancia de la fidelidad) y la distribución de condones para su uso por los colectivos más azotados por la enfermedad.

El papel de la Iglesia

¿En qué cabeza cabe que quienes presumen de contribuir a la lucha contra el SIDA hagan lo posible por minar una herramienta contra la propagación de la enfermedad (el uso de condones), o traten de impedir que la educación sexual llegue a los colegios? No tiene sentido. Y si lo tiene, es desde la perspectiva de los intereses de la institución por mantener un poder que se le escapa de las manos, y no desde la perspectiva de los afectados por la enfermedad.

No soy anti-religioso. Ni mucho menos. Soy licenciado en medicina, me he educado en un colegio religioso al que le agradezco todo lo que ha hecho por mi, he recibido catequesis y he sido catequista durante cinco años, y actualmente hago voluntariado con inmigrantes en una parroquia. Que a nadie se le ocurra ningunear mis palabras radicalizándolas. Sin embargo, creo firmemente que ciertos estamentos de la Iglesia se han desviado terriblemente, y que por ello están haciendo mucho daño a la sociedad, siendo perfectamente conscientes de ello, aunque lo consideren un mal menor colateral en su camino.

Hay mucho que agradecerle a la Iglesia (en sus manos está una gran parte de la cooperación internacional, y muchos religiosos han optado por los más pobres incondicionalmente), pero también hay mucho que criticarle, sobre todo en temas como este. Si la Iglesia quiere hacer algo por el SIDA y no se siente cómoda repartiendo condones, que fomente la abstinencia sexual y la fidelidad, pero sin ponerle obstáculos al resto de organizaciones que trabajan a su lado incluyendo el uso del condón como uno de sus ejes estratégicos. Ninguna ONG dice que la abstinencia sexual o la fidelidad ayuden a propagar el SIDA, ¿a que no?. Pues qué menos que hacer lo mismo y trabajar con respeto hacia quienes también se esfuerzan por hacer frente al problema, con igual o más intensidad.

Yo no digo que la Iglesia no pueda opinar. Que opine, pero sin tratar de convertir en dogmas de fe argumentos más que discutibles. Que opine, pero desde el respeto y la tolerancia. Que opine, pero dando voz no sólo a su Papa, cardenales y obispos, sino también a sus religiosos de a pie y sus laicos, que son el pilar principal de la Iglesia, y seguramente tienen mucho más que decir, y pocas cosas que callar. Pocos curas y monjas de aldeas africanas se oponen al uso del condón.

Y para terminar, me encantaría que si mete la pata, pida perdón y se corrija. El Papa nos haría felices a más de uno con sólo decir que se equivocó con sus palabras del otro día en Yaoundé, y que apoya y admira a todos los que luchan para erradicar la pandemia del SIDA, ya sea educando en sexualidad a los jóvenes, dando poder a las mujeres para decidir sobre sus vidas y sus relaciones, combatiendo el machismo, enfrentándose al tráfico sexual defendiendo a sus víctimas (las prostitutas), promoviendo la fidelidad y la abstinencia sexual para retrasar el comienzo de las relaciones en las poblaciones más perjudicadas, facilitando el acceso a medicamentos antirretrovirales para todo el mundo, y repartiendo condones e información para usarlos correctamente.