Salud para las víctimas del olvido

Este artículo fue publicado originalmente en diciembre de 2015 en El País Planeta Futuro.

El camino diario a pie desde casa a la oficina, por las mañanas, me da la vida. El paisaje, absolutamente desértico en cualquier dirección, no es especialmente acogedor, pero el paseo me ayuda a despejarme y a poner en orden mis ideas y las prioridades del día, que siempre son muchas, siempre son urgentes y siempre se verán alteradas por otras tantas nuevas e inesperadas. Y es que aunque muchos imaginan los campamentos de refugiados saharauis como un lugar estancado en el tiempo, en realidad, cuando se mira detenidamente, hay mucho movimiento y a menudo muy rápido.

Cuando las familias saharauis salieron huyendo de la invasión marroquí en el Sáhara Occidental y se refugiaron en esta provincia argelina, en lo profundo del desierto, no pensaban que estarían 40 años, ni que tras esos 40 años aún no se vería en el horizonte una solución política al conflicto. En este tiempo, sin embargo, las miles de personas que pueblan estos campamentos se han organizado, y cuentan con un gobierno en el exilio.

El Ministerio de Salud Pública, al que damos apoyo desde Médicos del Mundo, es un buen ejemplo de esto; y es que, a pesar de las dificultades, hoy existe un sistema de salud público saharaui, sin coste para los usuarios, con una amplia red de dispensarios, varios hospitales, y servicios preventivos de salud infantil, salud reproductiva, vigilancia epidemiológica comunitaria, o atención a pacientes crónicos. Nuestro trabajo consiste en apoyar estos servicios preventivos y asistenciales y reforzar las capacidades de gestión, coordinación y gobernanza de sus responsables. Un reto que no es nada fácil.

Justo antes de llegar a la oficina recibo un mensaje de Matías indicándome que ya sale hacia Auserd. Matías es un médico argentino que lleva con nosotros siete meses. Se dedica a apoyar al coordinador saharaui del programa para enfermedades crónicas.

Desde que hemos comenzado a trabajar en este programa este año, hemos detectado montones de debilidades a las que tratamos de hacer frente. A pesar de que también contamos con una comisión médica que acude periódicamente a prestar asistencia sanitaria a estos pacientes, menos de un 15% consigue tener bien controlada su diabetes o su hipertensión. Las raciones de alimentos que llevan toda la vida recibiendo no tienen la diversidad en productos frescos que otros sí disfrutamos y, aunque gracias a la ayuda internacional reciben medicación, muchas personas mayores no pueden acudir a los centros donde se distribuye. El manejo de estas patologías es complicado, y el personal de enfermería que les atiende, todos y todas voluntarios, necesita acompañamiento y formación continua. Es una carrera de fondo.

Éste es uno de los factores determinantes del sistema de salud saharaui: sus profesionales son todos voluntarios. La ayuda internacional apenas consigue fondos para garantizar una pequeña incentivación, que no deja de sufrir recortes y retrasos, y que en cualquier caso es insuficiente para cubrir las necesidades de sus familias. Mercedes, nuestra matrona y responsable del apoyo a los programas de salud reproductiva, infantil y promoción de salud, lo sabe bien. Ella hoy está en Smara, acompañando a las matronas para mejorar el seguimiento del embarazo de las mujeres saharauis. No todos los dispensarios cuentan con comadronas, y algunas están realmente sobrecargadas. A menudo comentamos que es admirable que continúen trabajando en estas circunstancias y eso también sirve de motivación para continuar día tras día. El apoyo continuado de Médicos del Mundo al programa de las matronas, durante más de 10 años, ya ha logrado que más de dos tercios de los partos hoy sean atendidos por parteras bien formadas, o por el único ginecólogo, cubano, con el que cuenta el sistema de salud.

Conforme reviso el correo electrónico empiezo a pensar cómo ir planificando la próxima semana de trabajo de Minetu o de Mohamed Lamin. Ambos, jóvenes saharauis, realizan un trabajo imprescindible en promoción de salud y vigilancia epidemiológica comunitaria en todas las wilayas, que son los núcleos en los que se dividen los campamentos.

Minetu pudo estudiar en Argel y ha demostrado una iniciativa enorme desde el principio; Lamin, más joven, es diabético. Fue diagnosticado en España de niño, durante un verano del programa Vacaciones en Paz y se dedica precisamente a la sensibilización y educación de otros pacientes similares. Este verano viajó a España de nuevo. Cuando lo vi a la vuelta estaba encantado de regresar a los campamentos. “Cuando estoy allá no dejo de pensar que aquí tengo a mi familia y a mis amigos, que no pueden salir y siento que tengo que volver para echar una mano”.

Cuando se habla de la cooperación internacional desde el Norte, a menudo se piensa en cooperantes expatriados. Pero las y los profesionales locales son fundamentales y a menudo nos dan lecciones a quienes venimos de fuera. Salek, nuestro administrador, no tiene problema en quedarse terminando cosas hasta que se hace tarde y sin Mufid, el logista, nuestra labor se tambalearía. No se trata solo del trabajo. Se trata de confianza y amistad, desde el primer día, lo que hace posible que todas las piezas encajen.

Hace apenas tres semanas, quienes viven en los campamentos han visto como unas inundaciones los sacudían. Más de 17.000 familias han perdido sus casas y las pocas reservas de alimentos que tenían almacenadas, en un desastre sin precedentes en este lugar.

Los primeros días, cuando aún llovía, no conocíamos bien la magnitud de lo que se nos venía encima. Aún recuerdo cuando, visitando con Mufid los destrozos en Auserd, la mujer de Mamitu, uno de nuestros conductores, nos pedía que le dijéramos que terminase pronto de trabajar y volviese a casa, que se les había estropeado todo.

Salek, otro conductor, al preguntarle por su familia, me respondía “si llueve otra noche más, mi casa no aguanta. Todas estas noches mi familia y yo estamos durmiendo dentro del coche de la organización”.

La respuesta sanitaria tras estas inundaciones en salud ha sido inmediata. Las prioridades eran evaluar daños rápidamente, coordinar bien las acciones con el Ministerio de Salud y el resto de ONGs, hacer un pedido de emergencia de medicamentos que Juancar, nuestro logista en sede, tuvo listo en 5 días, para poder garantizar la asistencia básica en hospitales y acelerar el trabajo en vigilancia epidemiológica para anticipar posibles brotes de diarreas y enfermedades respiratorias, entre otras cosas.

En estos últimos días, además, hemos contado con el apoyo de Teresa, nuestra compañera técnica de proyectos de sede, que ha venido a terreno, y con todo el equipo de nuestra comisión oftalmológica, que además de cumplir con las intervenciones quirúrgicas que tenían previstas, han hecho consultas en las wilayas y han apoyado la vigilancia epidemiológica en menores de cinco años y con las y los agentes comunitarios de salud.

Esta emergencia nos ha obligado a trabajar también el viernes, único día libre que tenemos a la semana. Tanto Said como Haddy, conductores, han estado plenamente disponibles para llevar a los equipos a donde fuese necesario, incluyendo Dajla, la wilaya más lejana, y la que más ha sufrido las inundaciones. Se estima que allí todas las familias han perdido sus hogares, y es adonde más se ha dirigido el reparto de tiendas de campaña, alimentos y agua los primeros días.

Mientras salgo de una reunión con la Dirección de Prevención para revisar la marcha del programa de salud infantil, llamo a Marta para ver cómo le va hoy. Es la persona de nuestro equipo que lleva más tiempo en los campamentos, ya más de un año y medio. Trabaja en el hospital nacional, centro sanitario de referencia en los campamentos al que también apoyamos. Marta es clave para que todo funcione en el hospital: desde que el carro de paradas tenga la medicación preparada, hasta que los quirófanos estén funcionales y limpios, que el personal de enfermería tome las constantes, o que el personal médico rellene bien las historias clínicas y se implique en las formaciones, supone un reto y un desafío continuo.

Por la tarde debo continuar el briefing de Chus, que ha venido desde la sede autonómica de Médicos del Mundo de Aragón y se quedará varios meses en Campamentos. Hay mil temas que explicarle, ya que conforme se vaya haciendo con sus funciones, tendrá un papel imprescindible de apoyo a la unidad de recursos humanos, el departamento de contabilidad o la dirección de cooperación. El apoyo a un sistema público de salud sin fondos propios en un campamento de refugiados, necesariamente, no puede ser fácil. En ello estamos. Para lograrlo, contamos con el resto de miembros del equipo.

La población saharaui es víctima del olvido político de la comunidad internacional desde el día que fue expulsada de su tierra. La solución, igualmente, debe ser política. Lo que organizaciones como Médicos del Mundo podemos hacer es trabajar día a día para que puedan tener los mejores servicios de salud posibles, aunque sabemos que la financiación para ayuda humanitaria desciende. Los cambios y las mejoras llegarán, si el esfuerzo continúa.