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Season Finale

Locke, desesperado, grita y golpea una extraña escotilla en medio de la isla, buscando una respuesta. De repente se enciende una luz que le ciega y nos ciega; Ross y Rachel por fin se miran a los ojos y se acercan, sin que sepamos bien lo que va a ocurrir; una Targaryen emerge del fuego rodeada por tres dragones mientras un cometa recorre los cielos de Westeros bajo la atenta mirada de reyes y campesinos; Olivia Dunham nos deja atónitos al revelar la existencia de una dimensión paralela; un House destrozado, peor de lo que nunca lo habíamos visto, aferrado a su vicodina, ingresa en un hospital psiquiátrico de la mano de Wilson; tras enterarse del suicidio de su hermano, Don Draper nos dejará temblando con las memorias de su infancia en un carrusel de diapositivas de Kodak. Termina una temporada y pasarán meses hasta que volvamos a continuar las historias que dejamos a medio.

Son ya cinco meses en Angola. Y en lo personal y lo profesional, han sido tan intensos como esperaba, o más. Tres meses antes de aterrizar, ni siquiera me había planteado todo esto como una opción a corto plazo, y aquí estoy ahora, con ya cierta sensación de, por lo menos, ir en la dirección correcta en eso de buscar mi sitio. Tras unos primeros días en los que al despertar no entendía muy bien ni dónde estaba, ni qué debía hacer, todo se asienta, y los engranajes encuentran su inercia. Te habitúas al estresante ritmo de trabajo y a los perfectamente previsibles imprevistos, conoces y te reconoces en el pequeño islote de expatriados cooperantes, dosificas tus conversaciones por facebook y skype, buscas tus vías de escape y te dejas sorprender e ilusionar por lo que viene, aprendes, te caes y te levantas, lanzas actividades y formas nuevos equipos de trabajo, no sin dificultades, y comienzas a imaginar el logro de los primeros resultados, tal vez dentro de no tanto. La situación de la salud pública en este rincón del mundo se sostiene en cimientos endebles que tratamos de apuntalar, y resulta agotador, en muchos sentidos.

En un par de días salgo de Kuito y de Angola, para dirigirme primero a la People’s Health Assembly de Sudáfrica, y luego a Zambia con el Fondo Mundial. Tras eso, unas escasas dos semanas en casa (signifique eso lo que signifique), por fin. Hace ya tres años que, cuando llegan las vacaciones, sigo trabajando o colaborando con alguna organización internacional, por lo que esas dos semanas me parecen todo un mundo. Mientras tanto, en Angola todo continuará. Los compañeros de Medicus Mundi seguirán con las actividades y el trabajo que ya está en marcha, y mi gente de aquí continuará incombustible intentando sacarle el jugo a todo para luego respirar hondo cuando llega el fin de semana.

Nos dejarán en vilo sin que sepamos qué va a ocurrir, inventando posibles desenlaces de los que estamos tan seguros como inseguros. Haremos cábalas y apuestas, lo discutiremos con los amigos entre cervezas, y nos quedaremos con parte de vacío y parte de satisfacción. Satisfacción por lo vivido. Vacío por la incertidumbre. Somos adictos a las sensaciones y las necesitamos. Algunos, además, nos apasionamos con lo que tocamos, vemos y sentimos. No es que los guionistas jueguen con nosotros; es que queremos que lo hagan.