Tú ya me entiendes

Soy cooperante por convicción. Por lo que he visto a mi alrededor, esto solamente dura unos años, hasta quemarse profundamente, o volverse un cínico más de este mundillo. Ese proceso, claro, se acentúa en un lugar como éste, en el que los cooperantes, por la situación de seguridad, vivimos encerrados por muros con alambradas y pinchos, zanjas de arena y toques de queda que te limitan a las horas de luz tu más que relativa libertad. Por ahora, en lugar de volverme loco, estas circunstancias me invitan a plantearme y replantearme el motivo de estar aquí.

Es en esos momentos de planteamientos y replanteamientos cuando más me jode sentirme utilizado por la hipocresía más hijoputil. Esa de votaciones a mano alzada de señores y señoras bien vestidos y sin la menor decencia, que después se van a comer en las mesas repletas con manteles importados de las que habla Silvio. Fueron estos señores y señoras los que esta semana decidieron negar el asilo político a Hassanna Aalia, saharaui condenado por un tribunal militar marroquí a Cadena Perpetua por participar en las protestas del campamento pacífico de Gdeim Izik, campamento que sería desalojado con violencia (y sin permitir el acceso a la prensa u organizaciones de defensa de derechos humanos) por Marruecos. Ellos son los representantes de un gobierno que no da la cara ante el pueblo al que abandonaron en el desierto, y al que mandan migajas de ayuda en forma de proyectos para mejorar su salud o situación, siempre y cuando no cambie significativamente. En medio de ello, los imbéciles cooperantes por convicción.

Esta semana una compañera me hablaba de cómo la población saharaui, aquí, en los campamentos, se quejaba de que Marruecos esté organizando una Conferencia Internacional en Dajla. —Pero no en el Dajla de campamentos, sino en el Dajla de Marruecos, aclaraba. Claro, hay dos. —En el Dajla de los Territorios Ocupados por Marruecos en Sáhara Occidental, —le corregía yo. —Bueno, sí, tú ya me entiendes.

Y no, no tengo por qué entenderlo (como ni lo entienden ni lo conocen millones de personas en España y el resto del mundo). Eres tú, y cada uno de nosotros, quien se debe hacer entender. Porque por mucho que colabores con una ONG, no es lo mismo hablar respetando la dignidad de un pueblo bien jodido que no hacerlo. Porque ocurre continuamente, y cada vez que ocurre se es cómplice de esas frías votaciones a mano alzada que condenan a un chaval a cadena perpetua por reclamar sus derechos, y la realidad del pueblo saharaui se sepulta un palmo más bajo la arena, sin que a nadie le importe. Porque currar aquí y aguantar vivir tras un muro con alambradas  para luego no gritar cuando se mean encima de los derechos de las personas es tristemente absurdo.

Por añadir un detalle: me enorgullezco de poder trabajar ahora mismo para una organización que, aparte de contribuir a mejorar la salud del pueblo saharaui, por tener derecho a ello, persigue que se conozca las injusticias y violaciones de derechos que sufre este pueblo, así como en la península.