Volviendo al comienzo

Muchas veces he estado mirando este diario, cubierto de polvo y olvidado en un sucio rincón de mi camarote, pensando en escribir, en no dejarlo, como siempre me suele pasar.

Y quizás sea este el día.

No dejé de escribir por desgana, sino por un viaje, que me mantuvo alejado de todo durante una semana. Han pasado muchas cosas desde entonces…

Viajé a Turquía durante una semana, a la Asamblea General de la Federación Internacional de Asociaciones de Estudiantes de Medicina, para conocer a otros revolucionarios y acabé encontrando resignación y sueños que sucumbieron a lo cómodo. Muchas experiencias, buenas y malas, muchos momentos magníficos que me sirvieron para olvidarme de todo y de todos durante unos días y un sentimiento de pertenecer al mundo, que nunca antes había tenido. Pero me supo a poco, sinceramente.

Pero volví con muchas ilusiones y ganas reforzadas, girando el timón hacia el modo de romper moldes el Día Mundial de la Salud (7 de Abril).

Me resulta muy complicado resumir un sólo día en unos párrafos y absolutamente imposible resumir dos semanas. Pero espero poder lograr que os hagáis una idea del sabor que tengo en la boca…

La alegría de quien se cree capaz de lograr algo grande.

Las ganas de contagiar esa alegría a otros.

La desilusión de ver amigos/as que ahora parecen no serlo.

El cariño de los incondicionales, los/as de siempre.

Las dudas sobre el rumbo que a diario voy asumiendo.

La tristeza por algunos de los míos, que no están bien. Que necesitan una ayuda que yo no me siento capaz de ofrecer.

El cansancio del que busca incesantemente.

La calma y a la vez el miedo del que confía que como siempre, todo terminará saliendo bien.

Las lágrimas de felicidad (que nadie ve) de verme de nuevo en África, en unos meses.

El sudor de las manos apretadas al pensar que quizás llegue a Londres y me vea trabajando por un futuro.

El vacío del que nota que por encima de todo, le falta algo que no consigue encontrar y que le esquiva.

Y como siempre, esa sensación de necesitar “dejarme sorprender”, por no poder aferrarme a nada con seguridad y tener que levantarse a diario para seguir avanzando en contra del oleaje, en busca de ideales de un niño iluso.

A veces pienso que estoy navegando en círculos, sin llegar a ninguna parte.

P.d.: Perdóname, diario, por abrirte de nuevo para sólo escribir estas líneas.